martes, 24 de enero de 2012

DIOS MÍO, VEN EN MI AUXILIO; SEÑOR, DATE PRISA EN SOCORRERME





SALMO 140






Señor, te estoy llamando, ven deprisa, escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.
Coloca, Señor, una guardia en mi boca
un centinela a la puerta de mis labios:
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad, a cometer crímenes y delitos; 
ni que con los hombres malvados participe en banquetes.



Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza; 
yo opondré mi oración a su malicia.
Sus jefes cayeron despeñados, aunque escucharon mis palabras amables; 
como una piedra de molino, rota por tierra, 
están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.
Señor, mis ojos están vueltos a ti, en ti me refugio, no me dejes indefenso; guárdame del lazo que me han tendido de los malhechores.


    Éste salmo me viene con mucha frecuencia al pensamiento y  a los labios ¡Dios mío, ven en mi auxilio, no tardes! En situaciones difíciles, me consuela . Mis ojos se vuelven a Él y en Él me refugio. Sé que no me dejará indefensa.

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